9 de abril de 2014

Paseando por Roma (sólo hasta mañana)

Recibo tu amor como si viniera
de un tragamonedas descompuesto que da sin límite.

Seco el alabastro y roto en pedazos el altar,
mi devoción raquítica te llama.
¡Alzaos, puertas eternas!

Mi espíritu de esponja árida
repite tu nombre siempre,
en el borde de la plegaria:
el susurro de labios que te aman
y no recuerdan tu lenguaje.

La fuente de la verdad se comió mi mano,
mi piel y mis instintos,
toda mi mentira y mi carne seca.
El sable de tu Palabra
me atravesó para siempre,
de la mente a los talones.

Como Edipo
sangrando de la vista y escapando de Tebas
te persigo.

Como Noé
borracho, impúdico e imbécil,
me escondo.

Tus ojos que lo ven todo
me encuentran hoy también,
ciego y desnudo, lejos de Nínive,
esperando al pez enorme y anhelando llegar a tu tierra firme.

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