14 de abril de 2011

Viuda

El final de la mecha está cerca y ella lo espera dejándose crecer surcos de memoria. La cara que perteneció a los besos y hoy es pasto de la bestia del tiempo. La progresión cínica del desespero al llanto, a la tristeza febril, a la nostalgia inconsolable, la rutina, el desencanto, la resignación como el diamante, el hábito de la soledad. Una escalera que desciende de la compañía a la ausencia del norte. El más insondable desconcierto después de saborear el fruto de las Hespérides. Cada mordisco de gloria resuena ahora en el gong de la conciencia, en la galería de instantáneas, en los pies humanos que no están y sólo dejaron una bolsa de agua hirviendo. Segundo tras segundo surcando la tempestad de la noche, resistiendo a la miseria con un agrio optimismo, distrayendo a la sociedad con sonrisas estáticas y boquitas pintadas. En el secreto se guarda lo indescriptible. El atardecer prolonga su sombra naranja. La insensibilidad crece para que no crezca el horror. El fin de una vida, y ella encuentra difícil creer que no sea la suya.

13/10/10

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