21 de febrero de 2011

Teoría de la inocencia

Después de casi un mes de ausencia en el blog, habiendo trabajado mucho, habiéndome cansado y logrado y caído, vuelvo a la virtualidad. Estoy en Argentina. El tiempo en Italia, con sus mil reveses, se terminó y quizás lo más grande que puedo sacar del proceso es saber que el Dios que sabe darme forma me sigue moldeando.

Esta poesía es un elogio a Sus inmensas capacidades, en este pequeño recoveco de su gracia infinita. En mi humilde opinión, una de las cosas más trascendentales que he escrito hasta hoy.
.
.
.
.
.


A G.K.C.

.
.
A mí me malparieron
el sentimiento de vacío,

la nada profunda,

el rechazo de mis pares,

la vergüenza de ser diferente.


Los que habían alcanzado el malparimiento antes que yo

se encargaron de pavimentarme el camino hacia abajo,

hacia todo lo que nunca había sido ni debería llegar a ser.

Martillaron sin saberlo la fibra fluorescente

que se rompe y es un vidrio,

que sabe darse contra el suelo

como un cráneo de criatura.


No sabían lo que hacían;

perdónalos, Padre.


Y en su afilada ignorancia

me estrangularon la inocencia.

Duro y parejo; como una violación

ante las cámaras y los aplausos.

Firme; como un principio motriz desarraigado,

alejado de todo lo que es hogar.

Cerraron la puerta del aula

para gritarme desde la ventana

las barbaridades que aprendieron

los bárbaros al civilizarse.


Me pusieron adentro,

se encerraron afuera.

Los ángeles tallados en el muro,

desnudos, sin pudor y morbosos,

cantaban con gusto letanías misteriosas.

Miserere.


Y todo el sabor de los cereales,

de lo fresco que roza el viento al cuerpo desnudo,

de la verborragia de niño astuto,

se filtró por la reja de mis captores.

Me forjaron una cadena promiscua

llena de mandamientos y expectativas,

de voluntad como cemento y belleza como accesorio.


En lugar de harina de campo

toda una colección infinita de panes.

Mis pequeñas manos lo intentaron,

abriéndolos como un cisma,

pero el polvo ya había sido sepultado

bajo la ley salvaje de la materia.

Y quedó tan sólo el rigor,

la legitimidad y el derecho,

la falta de goces que se exhibe como un mérito,

como una superación de adolescente maduro.


Quebrar la carcajada infantil y sobreponerse

con nombres, citas, fundamentos de cuero y mortajas.

La juventud me creció como arrugas en un rostro púber,

la cátedra de Moisés se sentó sobre mi pecho.


La voz se volvió débil;

la boca se arraigó hacia adentro.

Las eras pasaron con conciencia de causa

y los otros crecieron como marionetas.


Gollum.

Gollum.


Hasta que el Dios inexplicable

que me había parido fresco y salvaje,

inocente, hiperkinético y feliz,

salió cabalgando sobre los párpados del alba

dispuesto a extirparme el anillo de las entrañas,

a operarme bajo su cielo,

a dejarme secar de todas las otras aguas.

Así que me abrió las entrañas de nuevo,

martilló hacia afuera,

desde el abismo de apatía y miedo,

de inconsciencia, lógica y orfandad,

trazando una cura desde la mente a las arterias.


Y sopló aliento de vida:

estar apretado por frazadas en la noche fría,
estrujar los dedos antes de volver a liberarlos,
escribir catálogos ingenuos como este,

helado de frutos del bosque, Sfogliatine glassate,

el genuino cartílago de la punta de mi nariz,

los últimos cuatro años de John, Paul y George,

Jean-Luc, Jorge Luis, cada poema que termino,

todas las posiciones de un séptimo mayor,

el agua que corre, la montaña y el silencio,

el ruido de hombres y hembras con los que comparto la vida,

el inexplicable lazo de la parentela,

la armonía de las voces,

azul, negro, rojo, blanco,

café redimido con leche en polvo,

Eucaristía rudimentaria en cualquier lugar y cualquier gente,

la fe cuando es arriesgada,

el amor cuando está limpio,

el césped encarnado en la esencia de parajes desiertos,

los olores que no puedo recordar porque son milagros,

frutos de mar, mercado de antigüedades,

reírme por motivos insuficientes.


Carne nueva le nació de a poco a mis huesos golpeados.

Alma le está creciendo a mi caja torácica.

Volver a saber la primera verdad por el camino largo,

reencontrando la ortodoxia después de haber reconocido

muchas otras vías bastardas.


Desaprender casi todo lo que siguió a mi tercer cumpleaños.


03/10/10

2 comentarios:

Terrícola Aterrizando dijo...

debiste haber puesto una advertencia para quienes tengamos al menos una pista de lo que esto significa... animarme a decir que entiendo me asusta.

Porque la verdad que me ha dolido un dolor parecido...je, desaprender.

Paloma dijo...

Ya te lo dije... pero lo repito. Me encantan las imagenes! las sensaciones...
Muy Bueno!