6 de noviembre de 2010

Arriba

Sobre el viento tenso y entre las nubes
el arrojo blanco que corta el cielo
se zambulle en el misterio
de la nada inmensa.

Lo creado soberbio e incontrolable;
arropado como un hombro de lana.

Pulsaciones bruscas y aterradoras
de frente al Atlántico. Bajo mi cuerpo
el vacío y bajo el vacío las últimas islas de Inglaterra,
recortadas en el azul profundo
como una legión de tapices persas.

Praderas y valles en miniatura,
y en el borde del continente
un camino de roca mojada.

Pasajero de la inmensidad.
Hombre cansado que ansía el lecho de leche suave,
de almohadones gordos y piel intocable.
Mis piernas corrieron como cabras
para subir al cielo nuestro
y la miríada de texturas dóciles
bajo estos pies de altura
llama y llama a la paz sin límites
que duerme más encima del mundo de los hombres.

05/09/10


PD: a dos meses del desembarco en Buenos Aires, aires bondadosos de nostalgia, agradecimiento y esperanza sin límite

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