23 de agosto de 2010

Pródigo

A Lucas Magnin


Tanto empeño de gigante,
tanta espalda de Atlas.
Tanto pesimismo de anciano
en mis ojos duros.
Las energías nunca renovables,
las utopías del Ser en la colina que siempre desciende.
Y todo el dolor que me tomé con conciencia de cicuta.

Hasta arrastrarme por la montaña de noche,
el valle de los huesos secos y la muerte.
Hasta dejar de aplaudir las mañanas
y rebelarme contra la esperanza.

Cuidé los cerdos como a hijos.
Comí los desechos del barro.
Tembloroso y sin aliento
me arrastré colina arriba
con unas brazadas descomunales.

Ya sin fuerzas vi que mi padre
corría como un loco
hacia el suelo que yo un día había preferido.

22/08/10

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