18 de junio de 2010

Coexistencia

Uno de mis poemas preferidos.

Y hoy lo pongo acá, en honor a una amiga, un paredro, una hermana mayor. Digamos que se cumplen 3 años y medio desde que nos conocimos y vimos que ese Cristo raro, divino y humano, también tenía sucursales en corazones por ahí... que la gracia es graciosa... que no estamos solos.

Para ti, Phoebs,
Coexistencia: un pequeñísimo aplausito a tus excentricidades, a tus respuestas muy bien paridas, a tu ejemplo, a ese arte de creer en mí que has tramado conscientemente, a ese oficio de escucharme la sangre que has aceptado con una paz mentolada, a esa sabiduría labrada desde la Palabra y esa inocencia: uno de los grande objetivos de todo poeta que se precie.




A Febe Zanetti




Y vio Dios todo lo que había hecho,
y he aquí que era bueno en gran manera.


El mundo es, esencialmente, hermoso. Es un océano de ópalos cálidos y de paños ahumados en un beso de perfume. Es un rugido de placer de jaspe, de ponzoñas de lirismo, de encajes, de los buenos días de una princesa. Unas rúbricas pausadas, y un minimalismo mayéutico, un ánfora de palomas, un par de riachuelos gozosos. Y es el albor apolíneo de un trillón de piedritas, de minúsculos acentos, del ocaso misterioso que esconden los léxicos del amor; y melodías de pantera en el umbral hídrico de seis gaviotas, y el patinaje arabesco de todas las eñes del español. Es como una naturaleza muerta. Un impertinente lujo de brillos y camellos arropados de pálpitos sin aliento y rebosantes. Alojar la lluvia en saquitos de te, masajear con ternura los cabellos del aire, detener al fuego crepitando como alhajas, desperdigar las toscas municiones de la tierra. Es un enfermar de ocho sanas carcajadas selváticas, y lentamente romper el candor mojado de los gerundios vacíos. Una balsámica gruta de aleros y cofres y detalles de un sueño. Un salpicante ronroneo de pétalos sobrios y almohadas ceñidas como vestidos, como calores, como largos abrazos.



Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida;
porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.


Y el mundo es, esencialmente, horrible. Es el vómito seco de un dragón decepcionado. Es la superflua bondad de todos los aceros, las montañas y los telares, es botones y jabón para sádicos. Es un cráter alfanumérico de excéntricos tumores, de una invencible gastritis de belleza. Es un ritual de necromancia entre niños de guardería. Y como jugar a las escondidas en el vacío absoluto de señales. Una calamidad negra y soporosa y dionisíaca y hastiada de sí misma. Es remontar un barrilete de piedras, es refrescarse en un aguacero de azufre, es devorar con ansias largas la lengua de una serpiente, y es saltar de un trampolín a una cama de clavos. Es la muerte de toda naturaleza. Se parece al pasacalle de las fiestas de la Gehena. Como escalar hacia el núcleo de la tierra, como trazar el resorte de la propia horca. Un sombrero en llamas, atornillado; una espada de sangre en el fondo del gusto. Es rastrillar a dientes la mejilla de los dioses y masticar de golpe una penuria ausente, falsa y angustiada. Tumbar un alabastro de diamantes. Fumigar las flores al ras. Tachar con barro el sónico prontuario de las respuestas adquiridas.



...también gemimos dentro de nosotros mismos,
esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.


La esencia del mundo es belleza y horror, bajeza y gloria. No deja de ser catastrófico por tener su fascinación ni viceversa. Soy poeta y padezco el vaivén; no soy más sabio por ver más cosas. Contemplarlo todo sólo confunde y esclaviza. Tengo un vacío más grande para ahogar.




07/04/07

5 comentarios:

AC dijo...

"Contemplarlo todo sólo confunde y esclaviza": me encontré mucho en esa frase.
Tuve la impresión de que el título del poema, en mí, variaba entre coexistencia y vaivén. Sentí que el poema era vaivén, que cada imagen, gemela a la anterior (el vómito y el océano, acero y jaspe) jugaba su sentido en ese movimiento, elíptico como el vuelo del párpado.
Me genera una sensación extraña tu texto, lo leo tan trabajado, que lo supuestamente bajo también es bello. Siento que cada palabra está en su lugar, sopesada, poseedora de un peso y un brillo específicos. Creo que difícilmente escribiría así, pero me reconozco leyéndote con deleite (no me gusta esa palabra, pero me parece que viene al caso y la tomo con toda su acepción positiva). Supongo que eso es lo que llaman el placer estético.
Como alguna vez vos dijiste, ahora yo lo digo: me gusta tu voz. También creo que entre vaivenes nos jugamos la existencia, y quizás por eso contemplarlo todo confunda, e incluso esclavice.
Te debo una devolución por tu poemario. Lo leí, pero mis tiempos están extraños y ando muy desordenado. Si me tenés paciencia, prometo contestar, porque me gusta establecer ese tipo de diálogo.

Te sigo leyendo, colega.

un abrazo solar desde una madrugada de Córdoba

Lucas dijo...

Gracias por el comentario, colega. Me siento halagado por tus emociones y lo que despierta. Eso alegra a los escritores.

Para ser sincero, también me gusta mucho... y como casi todo lo que es trascendente, no fue una cosa buscada sino más bien una cosa que sucedió, que le puso palabras a procesos vitales. De ahí, creo yo, se desprende que las frases sopesadas sean más que pura matemática lingüística, y que la elección formal sea más consecuencia que causa.

No te sientas presionado por la respuesta. Tampoco estoy en un tiempo cronométricamente fácil... y como siempre, Cronos se come a sus hijos.

Otro abrazo para ti desde la Italia mojada por el Siroco, y desde la nostalgia de las madrugadas cordobesas.

Anónimo dijo...

Ya te lo dije antes.
Es lo mejor que has escrito. Siempre vuelvo a este poema, siempre lo padezco.
FloRa

Lucas dijo...

Gracias, Flow. El poeta sólo pone para afuera. Ser empático siempre me alegra (aunque la empatía duela).

Lucas dijo...

Gracias amigo. justo en un momento donde verme a mi misma con buenos conceptos es bien dificil, me hace bien que alguien me lo recuerde.